Al ingresar a la atmósfera, la luz choca con moléculas de aire, partículas de polvo, vapor de agua, etc., causando su dispersión. Los rayos de menor onda dispersan más la luz, y el azul, por ejemplo, se dispersa 10 veces más que el rojo. El violeta es el que más luz dispersa, pero como el ojo humano no es sensible a él, sino al azul, el cielo nos parece azul.
¿QUÉ OCURRE EN EL CIELO A LO LARGO DE LA JORNADA?
De acuerdo a la docente de la UNAM, al atardecer la luz cerca del horizonte recorre una mayor distancia y debe traspasar una zona más gruesa de la atmósfera, en la que hay más partículas de polvo. Siendo que el recorrido de los rayos es más largo, sólo aquellos de onda más extensa llegan a refractarse. Como los rayos rojos son más direccionales que los amarillos, realizan un camino más rectilíneo e impactan menos en las partículas de polvo y humedad. Esto hace que los colores que percibamos en el atardecer y amanecer sean más rojizos.
El resto de los colores que percibimos en el cielo se producen por la intervención de las moléculas del aire y partículas suspendidas en la atmósfera que dispersan los rayos y generan una multiplicidad de tonalidades diferentes. Como el recorrido que realizan los rayos es más largo, el Sol se percibe de manera achatada y ancha.
El color negro que se produce en la noche se debe a que la atmósfera que se encuentra en el espectro de visión del observador no recibe suficiente luz para refractar.
Hecho por: Vitoria Duarte
Hecho por: Vitoria Duarte

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